viernes, mayo 20, 2011

A 11 DÍAS DE LA TEMPORADA DE HURACANES

La NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration de los Estados Unidos) ha anunciado que la temporada de huracanes 2011 estará "por encima de lo normal" y puede ser más fuerte que la de 2010. Las temporadas de huracanes normalmente comienzan el 1° de Junio de cada año y se prolongan hasta el 1° de Noviembre. Se recuerda especialmente la temporada 2005 que rompió varios records (entre otros de duración, de cantidad y de magnitud de huracanes) y dentro de la cual se formó el famoso huracán Katrina.
Huracán IVAN, el monstruo de la temporada 2004. Obsérvese que ocupa totalmente la porción del Caribe comprendida entre la costa suramericana y la isla Hispaniola (Haití y República Dominicana)
NOAA ha pronosticado que este año pueden formarse de 12 a 18 "organismos" entre tormentas tropicales y huracanes, de los cuales 6 a 10 pueden alcanzar la categoría de huracanes y de 3 a 6 llegar a categorías superiores a 3 (las categorías van de 1 a 5 en la Escala Saphir-Simpson que los clasifica de acuerdo con la velocidad de los vientos en los brazos del huracán). Es importante anotar que huracanes de magnitud "baja" en dicha escala (como el famoso Mitch que afectó de manera tan grave a varios países de Centroamérica) también pueden resultar muy destructivos, pues pueden acarrear y liberal una gran cantidad de agua en forma de lluvias. Cuando en el océano Pacífico hay fenómeno de El Niño las condiciones no son adecuadas para la formación de huracanes en el Caribe. En cambio cuando está presente La Niña, las condiciones son óptimas. Recordemos que El Niño y La Niña son las dos fases de ENOS, tema al cual dediqué la primera entrada de este blog en 2006. Allí hay algunos aportes para la comprensión del clima y el tiempo.

En Colombia existe la creencia, en mi concepto (y en el de otros) totalmente errada, de que la Sierra Nevada de Santa Marta es una especie de portero que puede tapar con éxito los posibles goles de los huracanes del Caribe y que protege de los mismos al territorio colombiano.
Qué maravilla de foto de la Sierra Nevada de Santa Marta y sus alrededores, tomada desde el espacio. Gracias a la NASA, a la tecnología y a los siglos XX y XXI por esta posibilidad. Agranden la foto y hagan el ejercicio de identificar la Cienaga Grande y las ciudades de Santa Marta, Ciénaga y Valledupar. Está fácil. No les voy a ayudar.
Desafortunadamente eso no es muy cierto y en cualquier momento la costa caribe de Colombia puede ser afectada por los huracanes, como es afectada con frecuencia por los "coletazos": o efectos de las bandas exteriores de los mismos.
Sierra Nevada de Santa Marta

Ya en 1988 el huracán Joan-Miriam (cuya trayectoria se observa en la gráfica de arriba) afectó fuertemente a la ciudad de Cartagena. Hasta el 2004, este había sido el huracán grado 4 que había llegado más al sur y es uno de los pocos que han ‘sobrevivido’ el paso del Caribe al Pacífico (por eso se conoce con dos nombres: Joan en el Caribe y Miriam en el Pacífico).

Trayectorias e intensidades de los huracanes registrados a los largo de 150 años y hasta 2006. Efectivamente la gran mayoría de huracanes se han movido por encima de una línea recta que no toca el territorio colombiano, pero esa situación puede cambiar como consecuencia del cambio climático. Recordemos que en 2005 el huracán Catarina llegó hasta las costas brasileras.
El río Magdalena con Barranquilla al fondo
Cartagena hoy
Barrios populares de Cartagena en tiempos "normales". Para mí fue muy importante entender, en 1988, que la destrucción causada por el huracán Joan en la ciudad, había consistido básicamente en recuperar lo que la urbanización le había quitado al mar: Joan abrió bocas de la bahía que habían sido selladas, inundó humedales desecados, afectó zonas que había perdido la protección de los manglares, etc. Es decir, más o menos lo mismo que estamos viendo hoy en muchas partes de Colombia como consecuencia de La Niña.

RESISTENCIA Y RESILIENCIA:
La resistencia y la resiliencia de un territorio dependen de múltiples factores o clavos de las hamacas o lazos que vinculan esos factores entre sí. Clavos muy fuertes, pero sin hamacas fuertes que los unan, no significan mayor cosa para el territorio. Las hamacas o interacciones entre los clavos son las que tejen esa telaraña que es el TERRITORIO SEGURO. Guarde en su mente estas telarañas: le va a resultar útil no solamente para entender qué hace capaz a un territorio de resistir los efectos de una amenaza, sino también para reconocerse como araña.
Análisis de clavos, hamacas y seguridad territorial, en un ejercicio con campesinos y pescadores del Bajo Sinú llevado a cabo la semana pasada
Los territorios, como los seres humanos y en general los seres vivos que formamos parte de ellos, debemos aprender a adaptarnos a las dinámicas del clima.

jueves, mayo 19, 2011

EL PASTORCITO MENTIROSO QUE SIEMPRE DECÍA LA VERDAD

Este relato forma parte del texto "Conversación con el Combeima" que escribí con el apoyo de COSUDE para el Sistema de Alerta Temprana en la cuenca de ese río del Tolima

Este no era un pastorcito verdadero, sino uno de esos gansos sentidores y avisadores, que le ayudaba a un campesino a vigiar su parcela. Y tampoco cuidaba un rebaño de ovejas, sino el gallinero que tenía el campesino.

Los hijos del campesino lo habían bautizado “el pastorcito mentiroso” para burlarse del ganso, y de paso del papá, que había puesto la seguridad de su granja en manos –o más bien en patas, pico y alas- de un ave tan ruidosa.

Pero el campesino confiaba ciegamente en las habilidades del ganso, que además ya no era sólo uno, sino toda una bandada (si así se puede llamar a una “gallada” de gansos domésticos).

Todos los gansos ejercían cumplidamente su función de vigilancia, sin importar si era de día o de noche, labor que ya no se limitaba al gallinero sino que poco a poco se extendió a toda la granja. Y ya no solamente graznaban cuando la chucha se acercaba, sino cuando cualquier persona, animal o cosa se aproximaba a las vecindades del predio. Sí: también cosa. Porque por ejemplo, cuando un trueno sonaba en el cielo o cuando pasaba por la carretera un camión con la chispa adelantada, los gansos también armaban su concierto airado. Como suelen hacerlo sus parientes, los pavos.

Lo de “pastorcito mentiroso” venía de que una vez que el campesino tuvo que ausentarse durante una semana, dejó a sus dos hijos al cuidado de la granja, con la advertencia de que debían permanecer siempre atentos a los avisos del ganso, que en ese entonces todavía trabajaba de manera solitaria. Varias veces, durante todas las noches de esa –para ellos- muy larga semana, los graznidos del ganso los hicieron levantarse… ¡y resulta que nada!

Cuando el campesino regresó, sus hijos protestaron y le exigieron que se deshiciera de los servicios del ganso, a lo cual el padre se negó de manera rotunda, después de averiguar los pormenores de cada “levantada”.

“En primer lugar”, les dijo, “muchas veces bastaba con que el ganso graznara, para que desapareciera la amenaza que se cernía sobre el gallinero. Me explico: si era la chucha la que venía, era suficiente que oyera al ganso para que desistiera de sus intenciones de cenar con gallina esa noche. La chucha ya ha tenido más de una experiencia desagradable con los picotazos del ganso. Miren ustedes qué injusticia: no nos damos cuenta del trabajo del ganso cuando tiene éxito, pero sí cuando falla.”

“En segundo lugar”, prosiguió el campesino, “lo que pasa es que ustedes no le han puesto suficiente cuidado a los graznidos del ganso, que unas veces efectivamente son de alarma, otros de satisfacción, otros de queja. Y otras veces grazna porque anda enamorado y lo que pide es ‘ven-gansa’. Ustedes interpretaron todas las llamadas del ganso como si fueran de alarma y por eso se levantaban y no encontraban nada.”

“Yo”, siguió diciéndoles el campesino a sus hijos, mientras señalaba al cielo con un dedo grueso y largo, del cual bien hubieran podido brotar hojas, “llevo muchos años conversando todos los días con todos los animales de esta granja (incluso con la chucha), y puedo interpretar perfectamente qué quiere decir cada uno cuando ladra, cuando maúlla, cuando relincha, cuando grazna, cuando canta... y aun cuando permanece en silencio pero actúa de alguna manera determinada.”

“Y por último” les dijo el padre, “sí es posible que una que otra vez el ganso se hubiera equivocado: que hubiera confundido cualquier ruido con la visita de la chucha y hubiera emitido una falsa alarma. ¿Y entonces qué? ¿No era preferible correr el riesgo de una falsa alarma que quedarse callado para comprobar después, cuando ya fuera muy tarde, que sí, que sí era la chucha la que se estaba acercando? Para un vigilante responsable como el ganso, es preferible ‘hacer el oso’ que exponer la vida de las gallinas que le han sido encomendadas. ¿Qué queja del ganso me hubieran presentado ustedes si la chucha se hubiera podido comer las gallinas porque el ganso no hubiera avisado?”

Así quedó la cosa entre el campesino, sus hijos y sus gansos, pero los dos muchachos quedaron como aburridos de que su papá, en lugar de apoyarlos, se hubiera puesto de parte de las aves. Hasta que un día llegaron a la vereda unas personas que se identificaron como del Comité de Emergencias y que reunieron a la comunidad para contarles que estaban instalando unas alarmas que formaban parte de lo que llamaron un Sistema de Alerta Temprana.

Esas personas, que venían de la ciudad y que traían chalecos que los identificaban como funcionarios y funcionarias de distintas instituciones del Estado, comenzaron a hacerle preguntas a la gente para saber qué tanto podrían entender cuando les explicaran qué es un Sistema de Alerta Temprana.

Preguntaban, por ejemplo: “¿Y ustedes sí saben qué es una alarma?

Y uno de los hijos del campesino contestaba de una: “¡Pues es, por ejemplo, como cuando el ganso grazna para avisar que la chucha se quiere entrar al gallinero!”

“O son los primeros dolores del parto que siente una señora que ya lleva varios meses de embarazo”, contestaba una señora de la vereda, que sabía mucho de partos.

“¿Y qué hay que hacer cuando se oye una alarma?”, volvían y preguntaban los del Comité de Emergencias.

“Pues depende”, decía el otro hijo del campesino. “Depende, porque primero que todo hay que aprender a reconocer que una determinada señal es una alarma. Deje les explico: Si yo por ejemplo, sé reconocer qué quiere decir el ganso cada vez que grazna, puedo saber si lo que quiere es avisar que las gallinas están en peligro, o si lo que le pasa es que anda enamorado… O como dice la señora que habló ahora: una persona entendida en eso de los partos, sabe cuándo unos dolores de una señora embarazado, están avisando que el bebé ya tiene ganas de nacer o si son por otra cosa. Porque a una mujer que está esperando bebé también le puede doler el estómago como a cualquier otra persona, y eso no quiere decir que haya que salir corriendo para el puesto de salud, para el hospital o para donde la partera.”

Y entonces la gente que había venido de la ciudad y las demás personas de la comunidad quedaban sorprendidas de ver todo lo que sabían esos muchachos sobre las alarmas y sobre el tal Sistema de Alerta Temprana, y los dos hijos del campesino se miraban entre sí y sonreían, y en silencio les agradecían a su papá y al ganso todo lo que les habían enseñado.

A partir de entonces ya no le siguieron diciendo “el pastorcito mentiroso” con desprecio y como queja, sino en reconocimiento y con cariño.

Cuando en el proceso de trabajar con la gente del Comité de Emergencias, resolvieron conformar el Comité Local de Prevención y Atención de Desastres de la vereda, a los dos hijos del campesino los nombraron coordinadores, porque todos en la comunidad estuvieron de acuerdo en que eran los que más conocimientos tenían sobre el tema de las alertas tempranas.

Y cuando alguien preguntó qué era eso de “tempranas”, uno de los muchachos contestó: “¡Pues que ese berraco ganso encargado de dar la alerta cuando la chucha se quiere meter al gallinero, lo hace levantar a uno tempranísimo en la madrugada!”

Y todos se rieron y entonces él y su hermano le contaron a la comunidad y a la gente del Comité de Emergencias esta historia que aquí acabamos de contarles.


domingo, mayo 15, 2011

LO QUE VA DEL DERRUMBE Capítulo 6

En esto va hoy el derrumbe que se comenzó a formar en 2006 y que desde entonces se hubiera podido y debido manejar mucho mejor. En este momento detenerlo exige esa obra monumental que está llevando a cabo, me imagino, el Instituto de Desarrollo Urbano IDU, de la Alcaldía Distrital. Claro, este derrumbe resulta insignificante frente a los desastres que están afectando a tantos lugares del mismo Bogotá y del resto del país... pero este me interesa porque queda a pocas cuadras de mi casa, lo cual me ha permitido registrar -preocupado- su evolución a lo largo del lustro que aquí ilustro.
Abril 25, 2011

Avenida Circunvalar con calle 92
Abajo: las rocas -o más bien: los bloques de arcilla- que caen de la ladera y que demuestran su particular composición




Mayo 15, 2011
El arranque de la Diagonal 94 en la Avenida Circunvalar





Lo que queda de las escaleras que alguna vez fueron y que se pueden ver en los primeros capítulos de esta misma historia.
Una enorme llaga donde antes hubo una ladera con vegetación. La pregunta obvia es ¿por qué, al igual que sucede con tantos conflictos y situaciones sociales, hay que esperar a que el problema se vuelva gravísimo para tomar la decisión de actuar?
Alcantarilla en proceso de no poder cumplir más su función
Capítulos anteriores: el capítulo 5 de esta historia está fechado el pasado 16 de Abril, el 4 está fechado el 11 de Noviembre de 2010. Y antes, en Abril 9 (capítulo 1), en Abril 12 (capítulo 2) y en Julio 16 de 2010 (capítulo 3). Allí hay fotos que muestran cómo se comenzó a formar este derrumbe, por lo menos desde Mayo 2006.
Para no cerrar esta entrada con sensación de desesperanza, miremos unas imágenes del insobornable ritual del atardecer:

viernes, mayo 06, 2011

ACUATIZAJE EN ELDORADO

RÍO BOGOTÁ
APROXIMACIÓN A LA PISTA
ACUATIZAJE
La geometría maravillosa del ala del avión (aterrizando en Medellín, el día anterior)